La reducción de la pobreza y el hambre son procesos complementarios

Desde inicios de la década de los´90 la disponibilidad medida en términos calóricos ha presentado una tendencia al alza en América Latina y el Caribe, desde un promedio regional de 2.655 calorías al día por persona hasta superar las 3.000 en la última estimación disponible, lo cual significa un aumento del 13% en los últimos 25 años. Si bien al interior de la región es posible observar diferencias, actualmente la disponibilidad alimentaria de los 33 países de la región supera los requerimientos calóricos mínimos de su población.

En ese sentido, se puede afirmar que América Latina y el Caribe cuenta con los alimentos suficientes para erradicar el hambre; sin embargo, no todas las personas están accediendo a ellos, lo cual es particularmente cierto para las personas en situación de pobreza y pobreza extrema. Por ello, para la región, la reducción de la pobreza, y en particular la erradicación de la pobreza extrema es clave para terminar con el hambre.

Relación entre la pobreza extrema y subalimentación en países de la región

Fuente: FAO y CEPAL (en línea)

La alta correlación que presenta la reducción del hambre y la pobreza extrema, en un contexto en el cual existen alimentos suficientes para toda la población de la región, hace que los esfuerzos nacionales para acabar con la indigencia tengan una alta significación para la seguridad alimentaria y nutricional. Si consideramos que durante la presente década la reducción de la pobreza extrema se ha estancado en América Latina y el Caribe, profundizar los avances en política social se hace aún más apremiante para consolidar los avances observados a la fecha.

Evolución de la pobreza e indigencia en América Latina, porcentajes (izquierda) y millones de personas (derecha)

Fuente: CEPAL, 2015

Dentro de los problemas que deberán abordarse para la reducción del hambre y la pobreza, la desigualdad en los ingresos es sin duda uno de los más importantes. En efecto, los progresos en materia de redistribución han sido escasos en la región, sobre todo en los últimos años, haciendo que para 2013 el primer quintil de la población reciba sólo el 4% de los ingresos totales de América Latina y el Caribe, frente al más de 50% de concentración que se presenta en el quinto quintil. Ello se confirma con la tendencia observada en el coeficiente de Gini, que incluso se ha incrementado levemente en el mismo año.

Evolución de la desigualdad, medida por el coeficiente de GINI, y de la pobreza extrema

Fuente: Elaboración propia con información de CEPAL (en línea)

En suma, el mejoramiento de la distribución del ingreso en América Latina y el Caribe permitirá dotar de estabilidad a los avances en materia de hambre y pobreza, y abrirán el camino a la completa erradicación de la subalimentación y la pobreza extrema. Así lo han reconocido los países de la región, quienes en el Plan para la Seguridad Alimentaria, la Nutrición y Erradicación del Hambre de la CELAC 2025 han hecho un potente llamado a reducir la pobreza y erradicar la pobreza extrema garantizando la seguridad alimentaria y nutricional.